Decepción, en el diccionario aparece como “Pesar causado por un desengaño o una desilusión”, para una persona común puede ser simplemente Desencanto o Frustración.
Esta puede venir en diferentes tamaños, puede doler mas o menos dependiendo de quien sea el causante…, puede quebrantar y marcar un alma para siempre o simplemente se da vuelta la pagina y se sigue adelante, la mayor parte de las veces esto no sucede…
Se pueden dar tantos ejemplos de situaciones en que se sufre de una decepción, pero creo que tanto como duele desengañarse o decepcionarse, así mismo duele ser uno mismo quien decepciona, es que cuando se tiene una cierta esperanza en tu persona, es como colocar una mochila enorme en la espalda de quien parece tener mucha fortaleza, pero en el fondo solo se es un ser tan sensible como cualquier otro… un ser que yerra, que cae tantas veces como es necesario para aprender, llega un momento en que esa enorme carga causa que las rodillas se doblen y se nos vea tan bajo como nadie lo imagino.
Y que decir de quienes han sido decepcionados y no han olvidado, no han sanado, no han perdonado y además se han encargado en la vida toda, de recalcar los errores de los demás no sabiendo o no queriendo saber que estar en ambas partes muchas veces causa el mismo dolor también para quien decepciono.
Hoy vivo para ser feliz, siempre intentando no decepcionar pero conciente de que soy la persona que se ha caído y se caerá tantas veces como necesite hacerlo para aprender. Hoy vivo para no decepcionarme a mi misma y no darle la espalda a mi esencia. Hoy veo que han surgido miedos causados por las decepciones, miedos que me reprimen al momento de entregarlo todo, esto aun lo analizo para saber si fue realmente un aprendizaje o son las cicatrices de tantas caídas y entrega… pero sigo creyendo en que mientras puedas, debes dar todo de ti mismo.
Algunas veces es necesaria la decepción, para aprender que la vida no es hecha apenas de alegría, y si de intentos.